
Yo lo único que quería era dejar de sentir esa rabia que tenía dentro de mí, esa impotencia de no poder hacer que las cosas fueran como uno quisiera. Y lo logré, eso sí, con un poco de arrepentimiento de por medio- que luego se convirtió en una redundancia de sí mismo-, y bueno, toda esa rabia e impotencia se transformó en resignación, y más que eso, en conformidad, y no porque uno sea mediocre, sino porque hay veces en la vida que es más factible dejar las cosas como son, que seguir haciendo que se inflen para que luego exploten y quede todo esparcido en el suelo y en nuestro propio rostro, manchando todo lo que había quedado.
La culpa es de nadie, creo sí, que las cosas hay que decirlas cuando se sienten, y no auto silenciarse para que no duelan, sobre todo cuando éstas significan todo. Pero insisto, esto no se trata de buscar responsables, se trata de llegar a un acuerdo mutuo que permita continuar. Y aprender, porque es lo único que queda por hacer.
Y quiero dejar de quejarme por las cosas que me suceden, que ni siquiera son tan malas. Pero siempre busco la manera para alegar por cosas que no tienen trascendencia, siempre hacer que los problemas parezcan más grandes; ahogarse en un vaso de agua. La verdad no sé a qué se debe mi reacción estúpida frente a cosas que podrían ser tan simples.
Aprenderé de todo lo que me ha sucedido, de todas las experiencias nuevas que vengan y que he vivido.
Todo pasa por algo, y demostraré que puedo seguir.
En todo caso, gracias por lo que me enseñaste.

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